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Almas gemelas

El hombre está aquí para aprender del amor, del verdadero amor.

Muchas veces, el aprendizaje es a través de la pareja. Y allí encontramos el desafío.

La física explica que existen partículas y antipartículas (que han sido previamente divididas) se encuentran, chocan, y se convierten en energía.

Esto es lo que ocurre con las almas gemelas, son una misma “célula” que se divide en dos al encarnar.

Las dos se separan en cuerpos que siguen su propia evolución y en el momento del encuentro el tiempo parece detenerse, el reconocimiento es profundo y compartido , las sensaciones son únicas, inconfundibles, por ambas partes, ya que están destinadas a chocar para terminar con la diferencia y reunirse en una Unidad.


Esto no ocurrirá sino hacia el fin de la evolución de cada una de ellas, cuando sus respectivos sentimientos coincidan totalmente, cuando ambos vibren al unísono en ese amor único que representa la elevación del espíritu.

Cuando mires a los ojos de otra persona y veas tu propia alma reflejada, entonces sabrás que has alcanzado otro nivel de conciencia.

Has encontrado tu mitad, tu complemento. Has encontrado tu alma gemela

Mientras tanto serán dos seres que deben ir integrándose uno al otro.

La gente cree que encontrar a su alma gemela es encontrar a su príncipe azul, pero en realidad dista mucho de serlo.

 “Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Más dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos unos a otros, más no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se meza entre las orillas de vuestra alma.
Llenaros mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos pero que cada uno de vosotros
conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro”

“El profeta”, Kahil Gibran



No siempre quedamos unidos a nuestra alma gemela. Esto depende del grado de evolución que tengan en el momento de cruzarse y de lo que puedan ir madurando y aprendiendo de la otra, ya que es el principal motivo de su encuentro.

A veces nuestra alma gemela está deseosa de encontrarnos y disponible. Es posible que él o ella deje aflorar la pasión y atracción que surge entre ambos, los lazos íntimos y sutiles que nos indican que nos hemos conocido antes.

Si una de las dos almas está menos desarrollada, la violencia, el egoísmo, los celos o el miedo pueden interferir y enturbiar la situación.

Como cada encuentro está lleno de pasión con una carga extra, nunca experimentada,  la violencia por la pérdida o el distanciamiento y las celopatías suelen ser frecuentes, viviéndose por momentos choques de amor y odio reiterados. Pasando de un extremo a otro constantemente.

Tales sentimientos son nocivos para el alma más evolucionada aunque se trate de su gemela, que por temor a perder eso tan intenso, se somete a las descargas del otro.

Es habitual que fantasee con la idea de cambiarlo o ayudarlo, porque el magnetismo y la pasión son tan irrefrenables que no se quiere abandonar la empresa.

Si la otra persona no está suficientemente madura para dar un paso más, si no quiere evolucionar o simplemente no puede, la relación está condenada al fracaso.

Tal vez surja otra oportunidad en otra vida o  se produzcan despertares tardíos.

Las almas gemelas a veces se mantienen juntas sin afectar sus vidas. Conocí una pareja donde ambos estaban casados y se juntaban para las vacaciones, una vez por año en una playa. Luego cada una volvía con sus familias e hijos.

Otras deciden no casarse mientras están encarnadas. Se ponen de acuerdo para encontrarse y cumplir con lo pactado y seguir su camino.

En este caso, sus intereses y planes para el resto de la vida son distintos y no necesitan pasarla juntos.

No siempre, cuando uno se encuentra, es para sentirse pleno y feliz; si están en distinto grado y una se encuentra adormecida, es muy frustrante y produce mucha angustia.

Cuando una reconoce su mitad, y el otro no se da cuenta, no es consciente de las distintas dimensiones, es muy triste y se sufre enormemente.

No es necesario encontrar el alma gemela en la vida para conocer el verdadero amor. Nada más erróneo.

La intensidad y el éxito de una relación depende del trabajo, el compromiso y la entrega de esas dos personas.

Siempre y cuando el destino pueda compensar a un buen corazón, a un alma llena de amor, lo hará más allá de si es gemela.

Eso es simplemente algo que nos debe el destino y ha de ser aprendido con esa persona y ninguna otra.

Es ella la mitad de la célula, es ahí, con ella con la que se debe compartir el camino que  corresponde al “karma”.

Ha quedado trunco en otra vida y debe terminarse de vivir, esto se pacta entre ellos las vidas que sean necesarias, dada la correspondencia de energías propicia para el aprendizaje.

Si los dos están despiertos y sus tiempos coinciden, entonces los miembros de la pareja vivirán el éxtasis, la complementariedad y la intensidad de estar juntos.