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La Terapia de Vidas Pasadas, se realiza con el paciente bajo estado de hipnosis. Que no es ni más ni menos que un proceso de autosugestión.

El paciente se entrega confiado a la guía de su terapeuta. No hay posibilidad que nadie sea hipnotizado si no lo desea, ni quien tenga el poder de controlar a otro a través de ella.

Se realiza distrayendo la atención consciente de la persona, para llevarla a un nivel más profundo de conciencia. Se realiza mediante la observación fija en un objeto o la relajación del cuerpo.

Tiene 3 estados: leve, media o profunda.

Leve,  es aquella donde nuestra concentración es tan intensa que los ruidos exteriores u otros estímulos no nos distraen.

Estos momentos se experimentan sin querer cuando viajamos en colectivo y perdemos la atención y nuestros pensamientos flotan; manejando un auto y llegando a destino sin darnos cuenta cómo; andando en bici, pintando, esculpiendo o en manifestaciones de arte.

En todos estos casos entramos en el llamado estado “alfa”. Un estado intermedio de conciencia, donde no estamos del todo presentes en la realidad pero tenemos una parte nuestra conectada y atenta.

La hipnosis media, es aquella donde llegamos a estados más profundos del inconsciente.

Como si estuviéramos meditando, vulneramos las barreras represivas y dejamos aflorar el inconsciente, sin estar limitados por la lógica, el espacio o el tiempo.

En este estado estamos conectados a la malla universal, al inconsciente colectivo, podemos recibir soluciones creativas, vaticinar hechos, encontrar claves a nuestros problemas, percibir el estado emocional de otras personas, percibir enfermedades, reequilibrar energías.

Comprendemos desde un lugar más amplio, de conciencia abarcativa, de los límites de la razón, potenciando todas las capacidades de nuestra mente más allá del 15% que utilizamos, normalmente.

Se consigue el acceso al inconsciente de un modo concentrado para lograr la curación.

La hipnosis profunda, es el estado donde una persona tiene amnesia de todo aquello que paso mientras fue hipnotizado. Son personas muy sugestionables.

Encontramos este fenómeno solamente en un 7 a 10% de la población y suelen ser las personas que se eligen para los espectáculos de teatro, que logran estados catalépticos donde los ponen rígidos sostenidos por dos sillas, los hacen imitar animales poniéndolos en ridículo frente al público y al despertar no saben que hicieron, donde estuvieron, ni que sucedió.

En este estado la capacidad de supervivencia y autopreservación se pone alerta, si el hipnotizador le da una consigna que atente contra su bienestar o su propia vida, el hipnotizado la ignora, aunque luego no tenga recuerdo de lo sucedido.

Para terapia se usan estos 3 estados hipnóticos ya que ayudan a revivir situaciones traumáticas y desanudar conflictos, cuando se detecta que una persona llega a estados de hipnosis profunda se suelen grabar las sesiones, para que pueda participar de lo vivido, o antes de ser despertado se le da la consigna de recordar lo experienciado.

Lo productivo de trabajar en estos estados, a nivel terapéutico, es que la persona baja sus barreras represivas entonces, consciente e inconsciente se conectan, reviviendo el año 1892; sabiendo que está en el 2010 con el terapeuta que lo está guiando, por eso cuando la persona sale del estado hipnótico recuerda todo lo vivido y sentido (salvo en estado profundo).

Esto es lo que resulta terapéutico y tan curativo, que la persona confronta lo sucedido en el pasado, con la vida actual y entiende porque actúa de determinada manera o porque provoca en su cuerpo ciertas dolencias y síntomas.

En los tres estados de hipnosis las regresiones son efectivas, no hace falta que la persona recuerde la sesión para llegar a la cura, ni siquiera hace falta que crea que es una vida pasada.

Trabajé con personas que eran reacias y no creían en nada que no fuera empírico, desconfiaban si lo que veían era una vida pasada o su imaginación y los resultados fueron positivos y los síntomas remitieron de todos modos.

NO importa comprobar si lo que se vive es real o no, los resultados ocurren.

Por otro lado si no fuera real, si fuera pura imaginación los síntomas no desaparecerían.

El inconsciente abre paso para que salga la información comprometida con la enfermedad o el trauma que se sufre en el presente.

El nos lleva a la vida correspondiente, una vez allí, hay que acompañar al paciente por los hechos más importantes de esa vida, hasta encontrar la conexión con los síntomas actuales.

El proceso es similar cuando la regresión es dirigida hacia los episodios de la infancia. Se reviven, se descifran y reordenan, para que al desafectivizarse liberen a la persona del peso del trauma.