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Muchos años pasaron, preguntándome donde estaría mi verdadero camino, pensando en él  como un desafío, una misión, eso que uno viene a aprender.

No encontraba lo que verdaderamente me gustaba. Me consideraba una buscavidas, una persona muy dúctil que había pasado por las actividades más variadas que puedan imaginar.


Hoy sé que todas esas actividades tenían un sentido, aunque no parecía, debía transitarlo para asimilar todas esas experiencias, que me aportarían una perspectiva más amplia de la vida y de los otros.



Pertenezco a una familia espiritual, pero no religiosa, donde el servicio y la ayuda desinteresada al otro, han sido una forma de vida.

 


Mi ser espiritual se encontraba en auge, hasta que perdí a mi padre, cuando era adolescente, eso marcó un antes y un después y me rebeló contra el mundo, la vida y toda justicia (o injusticia) que se pudiera llamar divina. Mi pregunta era "como se puede morir una persona, trabajadora, justa y buena, tan joven?"

Pase muchos años quejándome y diciendo, como seguramente lo han hecho ustedes muchas veces. Por qué sucedió? Porque a mí? lo que me di cuenta después, era que la respuesta no estaba donde yo la buscaba.

Había mucho más que se iría despertando de un modo maravilloso, inesperado, mágico... estaba cerca de hallarle sentido a mi vida.

Siempre me interesé por las ciencias ocultas, siempre provocaron en mi, curiosidad, magnetismo, algo me atraía a averiguar cada vez más sobre ellas.

El problema con el que me encontraba era que poca gente me inspiraba confianza.

No encontré nada que saciara mi sed de conocimiento; pero el estudio de la mente, sí lo hizo, el conciente e inconsciente, me resultaban fascinantes, entonces me dediqué a la Psicología.

Allí se revelaron muchas respuestas, canalizaba mi necesidad de servicio, de escucha, de comprensión. Esto fue una necesidad desde que era muy pequeña, siempre me encontraba escuchando a alguna amiga, aconsejándola, consolándola.

Al cabo de varios años y atravesando varias líneas de pensamiento, me fui dando cuenta que la psicología era y es muy profunda e interesante, pero yo necesitaba más, no estaba conforme con los resultados. Sentía que algo faltaba. Verdaderamente no lograba darme cuenta que era.

La gente no debía hacer un tránsito por la terapia tan traumático, tan angustiante. Eso hizo que me alejara un tiempo de ella.

Retome haciendo terapia de pareja; pero no era lo mío, yo sabía que tenía que haber algo más.

Y en efecto había, la Psicología Tradicional se ocupa de la mente y las emociones pero olvida algo que es fundamental y es nada más ni nada menos que EL ALMA.

¿Cómo abordar la sanación de una persona olvidando algo tan importante como su ESENCIA?

Ahí comencé a des-cubrir el manto de neblina que había ocultado mi camino durante tantos años; ahí estaba, tan sencillo y maravilloso, se abría ante mi.

Mientras estudiaba, soñaba con viajar al Tibet, quería aprender a meditar, poder elevarme, sentir esa paz de la que hablaban los que la practicaban.

Ya adulta, comencé a adentrarme en el tema, estudiando, investigando, practicando; pero siempre desde un lugar distinto, convencida de que para meditar no había que estar vestido de determinada manera, ni repetir un mantra, ni oler a incienso, ni sentarse en posición de loto (en la que muchos de nosotros quedaríamos anudados y entumecidos si la practicáramos).

Para hacerlo, sólo hace falta comprometerse con la búsqueda de un cambio interior, que no depende de ningún milagro, sino de nosotros mismos.

A los occidentales nos cuesta mucho creer en esto, pensamos que toda solución proviene del afuera, todo lo bueno está allí, la educación, la cura a nuestras enfermedades, el éxito, la fama.

Esto es muy diferente en la cultura oriental. Allí se hace un culto del hombre en sí mismo, este deja su ego en un segundo plano, intenta desarrollar sus propios recursos, se pasa años y años de su vida averiguando quien es, que siente, aprendiendo a transformar su ira, a escuchar sus miedos y a dejarse llevar principalmente por lo que le dice su intuición.

Su mirada es hacia adentro.

No digo de ningún modo que la cultura oriental es perfecta y la nuestra no, sino que sería fantástico poder tomar lo mejor de cada una y tratar de vivir un poco mejor.

Creo en el destino y creo en la sabiduría divina para hacernos nacer en determinado país, bajo determinadas reglas sociales y culturales que nos ayudan a encontrar nuestro camino.

Vivimos bajo la mirada de los otros, esclavos de sus críticas, dependiendo de su aceptación, haciendo lo que ellos quieren y lo que les parece que deberíamos hacer.

Esto termina provocándonos estrés, niveles de ansiedad y tensión altísimos, bajo constantes efectos de adrenalina dentro de nuestro cuerpo, destruyéndonos.

Y para esto nos sirve la meditación, para canalizar el potencial de nuestra mente hacia la sanación interior, hacia la armonización, el equilibrio, la paz.

Incorporé la meditación a la Psicología y logré llevarle al paciente "RESULTADOS POSITIVOS”, brindándole cambio y equilibrio a su vida.

El bienestar es físico, psíquico y emocional, y se llega a un rendimiento integral en cada sesión.

Esta forma de trabajo ayuda a mejorar significativamente situaciones de angustia por duelos recientes, fobias, enfermedades como el cáncer, ataques de pánico, de ansiedad, insomnio y otras patologías graves.

Los resultados son prontamente visibles y hacen del trabajo terapéutico una gran oportunidad para lograr una vida equilibrada.

La técnica alcanzada es un producto propio, que he refinado con el correr de los años y es algo que desarrollé fusionando varias técnicas.