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El Amor y los sentimientos

El amor nace en el alma, en el centro mismo de nuestro Ser.

Sentimiento es vibración, conmoción espontánea, nos arroba, impacta, conmueve e inunda.

Con los filtros de la mente, intentamos explicarlo, compartirlo, expresarlo, pero el sentimiento es en sí mismo, abarcativo, superlativo y visceral.

Los orientales dicen que cuando se ama con la cabeza estamos a 60 cm. de la verdad, cuando se ama con el corazón a 40 cm. y cuando se ama con las entrañas, desde el Ser, estamos en LA VERDAD.

Aprender a amar, es hacerlo desde nuestro centro, lo que brota desde allí, es franco, sincero, cabal.

Sea amor, odio, angustia, alegría o miedo, es parte nuestra y debemos respetarla, haciéndolo, podemos accionar con autenticidad.

Expresar lo que verdaderamente nos pasa, comunicarlo, nos ayuda a fortalecer los vínculos.

Desde pequeños aprendemos a agradar para ser aceptados.

Lo malo y lo bueno se instala como la única posibilidad de realidad.

Lo primero se envía a la “sombra”, lo segundo se muestra abiertamente.

Actuamos impostores, manipuladores e hipócritas para seguir agradando.

Aprendemos muy temprano, que no podemos ser totalmente francos, porque este mundo no está preparado para ello; entonces ponemos filtros para expresarnos y en el devenir, en vez de filtrar lo que sentimos, lo terminamos transformando.

Lo oculto no es malo, sentimientos como el miedo o el egoísmo, acuden en ciertas ocasiones para preservarnos, para poner límite.

Cuando liberamos lo oculto, lo reconocemos, respetamos y escuchamos, aprendemos muchas cosas sobre nosotros y abandonamos la proyección.

La sombra es parte de nuestra constitución, reconocerla es necesario para madurar y para aprender a relacionarnos.

Las personas que nos irritan traen algo de ella. Muchas veces son nuestros propios padres, los que nos reflejan actitudes que no quisiéramos repetir y lo hacemos inconscientemente.

Solo reconociendo la sombra, que está oculta en el inconsciente y aparece reactiva cuando nos hieren profundamente, o algo nos atemoriza, sólo así, dejándola expresarse, la llevaremos al conciente y podremos transformarla para que nos fortalezca y ayude a resolver.

No se crece velando, sino liberando, des-cubriendo.

Somos duales, al nacer, todo se polariza, bueno- malo, egoísmo- generosidad, euforia- depresión, y ambos coexisten.

Dentro nuestro caben todas las formas arquetípicas de personalidad, el rey, el verdugo, el mago, el maestro, el ermitaño, y ellas son útiles para afrontar diferentes situaciones.

Los utilizamos para enfrentar la vida y las podemos ir cambiando frente a cada hecho.

Muchas veces superamos crisis identificándonos con nuevos arquetipos, que nos brindan un ingrediente diferente a nuestra personalidad.

Dejar aflorar lo profundo, tal cual aparece, traducirlo mediante nuestros análisis, nos permite transformarlo y evita lastimar o destruir.

Es un proceso, lento, largo y comprometido, que se practica una y otra vez.

Al principio accionaremos equivocadamente y deberemos aprender a pedir perdón, algo que a veces cuesta mucho; pero nos dará la oportunidad de un próximo intento.

Una nueva vez, sentiremos impotencia, miedo o bronca y en vez de expulsarlo, tal vez podamos detenernos un instante y utilizar la razón para que nos ayude a transformar lo que íbamos a hacer.

Así vamos construyendo el proceso inverso. Desde afuera (la práctica) traducimos, a través de la razón, nuestro adentro (sensaciones), vamos entendiendo y descifrando los pasos que adopta nuestra conducta para poder mejorarla.

Sería como:



Para lograr un vínculo sano, tenemos que prestar mucha atención a la comunicación.

Al decir lo que siento, lo hago en primera persona, quiero que el otro interprete sin sentirse atacado o juzgado.

Me hago cargo de lo que me pasa, más allá de si tengo razón, los sentimientos no la tienen, ni obran a través de ella, la razón está en la mente y los sentimientos lo profundo del ser.

Y deberíamos usar frases como las siguientes: “Sentí temor cuando…”
“Me desilusioné porque creí…”
“Me enojé cuando me sentí atacada por lo que ocurrió…”

En ningún momento expreso algo que no tenga que ver con mi sentir, no importa si está equivocado o no, es lo que me ocurrió, tampoco culpo al otro.

YO SIENTO, EL OTRO NO ME LASTIMA.

Puede insultarme; pero si estoy en equilibrio, es probable que piense: “Uh, que mal día tiene”, si estoy sensible o susceptible, le responderé con algún tipo de agresión mayor.

Tener razón o poder sobre otra persona, crea vínculos pobres, frágiles, enfermos, desparejos.

Hacernos cargo de lo que nos pasa, contribuye a entender y resolver sin crear conflictos.

El amor es un sentimiento dador, desinteresado, solo posible cuando hayamos comenzado con nosotros.

Se da por elección, no para recibir a cambio.

No sabemos dar, ni regalar nada, menos amor verdadero, sólo damos para que nos den.

El amor está conectado al despertar de todos los otros sentimientos, que se activan cuando carecemos de él o es mal entendido.

Las personas dan lo que les falta, caricias, palabras dulces, compañía, atención; pero muy pocas dan SIN ESPERAR NADA A CAMBIO.

Es trueque, cuando no vuelve lo que se espera, surge el reclamo y el malestar, nos alejamos del estado de plenitud, ponemos la atención afuera y nos frustramos, ya que el otro da cuando quiere y le nace, no cuando nosotros necesitamos.

Lo que no sabemos es que el amor, está garantizado; pero viene de todas partes, no lo tenemos que esperar de alguien determinado o de una forma precisa, debemos dejarlo fluir hacia nosotros y estar abiertos.
Demos, demos, demos y no esperemos nada.

Todo comienza desde nosotros hacia el universo, no al revés.

Les aseguro que llegará diez veces más de lo que dieron, tal vez de otra forma, tal vez la caricia no es de quien esperamos, pero reconozcámosla, está ahí y es para nosotros.

Salgamos de nuestro lugar de exigencia, deseo e inconformismo, porque de esa manera perseguiremos toda la vida la felicidad y la encontraremos sólo en breves instantes, si recibimos y agradecemos lo que se nos está brindando, seremos FELICES Y PLENOS la mayor parte del tiempo.

Como esta actitud de amor brota adentro nuestro, no hay que buscarla en ningún lado y como está ahí, es nuestra para siempre. Nadie se la puede llevar.

Extractado del libro “Los hombres aman con la cabeza, las mujeres con el corazón”